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El granjero y sus dos hijos

Había un granjero que tenía dos hijos, y un día sale con ellos a sembrar, en un sembradío que tenía atrás de su campo. Y entonces les dice; primero que todo hay que remover la tierra, y entonces les muestra con una pala cómo se remueve la tierra. Y les deja trabajando unas horas ahí para que sus hijos remuevan la tierra y cuando vuelve el padre les dice, no, no, no, eso no está bien, hay que hacer las cosas bien y eso no está bien. Hay que remover la tierra de nuevo. Y entonces los hijos empiezan otra vez desde el principio a remover la tierra. Y cuando terminaron, les dice los zurcos se hacen con el arado y se hacen de esta manera, y entonces les muestra cómo se usa el arado para hacer los zurcos, y los deja haciéndolos y a la hora cuando vuelve, les dice, no, no, está mal, vuelvan a hacerlo de nuevo, vuelvan a remover la tierra y vuelvan a arar los zurcos, y así vuelven a airear la tierra y a arar los zurcos y entonces el padre les dice, ahora toca tirar las semillas y se tiran así y les muestra y los deja solo para que ellos continúen, pero cuando vuelve les vuelve a decir no, no, está mal, hay que empezar de nuevo otra vez, hay que airear la tierra, hacer los zurcos y volver a tirar las semillas. A todo esto estaba un vecino mirando todo lo que el padre hacía, y le dice, perdón vecino que me meta en donde nadie me llama, pero yo no entiendo. Porque usted está moviendo la tierra tanto, arando tanto y tirando tantas semillas que usted no va a tener una buena cosecha, si está haciendo esto no sé qué está enseñando usted. Con este mecanismo no va a poder cosechar bien. El granjero le dijo entonces, depende de lo que usted crea que es lo que yo quiero cosechar. Y el vecino le dice, trigo, ¿no?. Dice No, yo quiero cosechar hombres y mujeres de bien. A pesar de que esta historia se puede biyectar a nuestro sector, a nuestra carrera, a nuestro crecimiento personal, hoy no lo voy a hacer, porque la historia de esta semana, realmente está dedicada a aquellas personas que, como mi mujer y yo, acaban de ser padres. Bienvenida a este mundo, Ayelén.

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Cada semana te cuento una historia en La Chimichurrería. Si me seguís seis meses, vas a pensar distinto. No sé si mejor, pero distinto seguro.