Ley de Moore
También: Moore's Law
La cantidad de transistores en un microchip se duplica aproximadamente cada dos años, mientras el coste por unidad de cálculo cae a la mitad.
Origen
Lo escribió Gordon Moore en 1965, cuando todavía era director de I+D de Fairchild Semiconductor (cofundaría Intel tres años después), en un artículo de Electronics Magazine titulado “Cramming more components onto integrated circuits”. La predicción original era cada año; Moore la corrigió a cada dos en 1975. Lo que empezó como una observación de tres puntos en un gráfico terminó funcionando como ley empírica durante medio siglo y, lo más interesante, como profecía autocumplida: la industria entera planificó capex y roadmaps asumiendo que se cumpliría — y eso mismo la mantuvo viva.
Ejemplo y “el final” de la ley
El smartphone que tenés en el bolsillo en 2026 tiene más transistores que todas las computadoras del mundo en 1965 sumadas. Es la diferencia entre una ENIAC (18.000 válvulas) y un chip con decenas de miles de millones de transistores en una uña.
La parte importante de discutir en una charla en 2026 es que la ley se está desacelerando. Los nodos modernos (3 nm, 2 nm) chocan contra física cuántica, costes de fabricación que crecen exponencialmente y rendimientos energéticos que se estancan. Jensen Huang (Nvidia) declaró en 2022 “Moore’s Law is dead”. La industria respondió moviendo la frontera: ya no se duplica el transistor por chip, sino que se apilan chips (chiplets, 3D stacking), se especializa el silicio (GPUs, TPUs, NPUs) y se busca la ganancia en arquitectura, no en proceso. La ley original murió hace rato; la expectativa cultural que dejó — “el año que viene será el doble por la mitad” — todavía manda en presupuestos y roadmaps de producto. Cuando alguien estima un coste de inferencia a 5 años a partir del coste actual, está citando — sin saberlo — a Moore.
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