Clavos en la puerta
Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia debía de clavar un clavo detrás de la puerta. El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta y descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos en la puerta. Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día. Después de informar a su padre, éste le sugirió que sacara un clavo cada día que lograra controlar ese carácter. Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos que sacar de la puerta. Su padre lo tomó de la mano, lo llevó hasta la puerta y le dijo: “Trabajaste duro, hijo mío, pero mirá todos esos agujeros en la puerta, nunca más volverá a ser la misma. Cada vez que perdés la paciencia dejás cicatrices, en vos y en los demás, igual que las que dejaste acá.” Qué importante es tener en cuenta que todo lo que hacemos tiene consecuencias, por eso tenemos que ser muy conscientes de cómo nos portamos con nuestros compañeros, de cómo les hacemos sentir y lo que provocamos en ellos, porque al igual que con la puerta, dejamos marcas que se quedarán ahí, para siempre.
Dónde la conté
La conté en el episodio Charlando con los Androides de Twitter.
Tres historias más
Una historia por semana que te hace pensar la carrera
Cada semana te cuento una historia en La Chimichurrería. Si me seguís seis meses, vas a pensar distinto. No sé si mejor, pero distinto seguro.